Medio Centro

29 septiembre 2007

¡Que no cunda el pánico!

Ante la creciente preocupación surgida por los últimos malos resultados del Real Murcia he de decir que no cunda el pánico. Ni antes eran los granas un equipo tan bueno que iba a optar a Europa, ni ahora es una plantilla defenestrada destinada a volver a Segunda. Hemos comenzado la Liga de forma asombrosa, realizando grandes partidos ante equipos de la talla de Zaragoza y Atlético y otro no tan brillante contra el Levante, lo que nos permitió estar en posiciones UEFA con 5 puntos. Pero ahora, dos derrotas seguidas han mermado la moral del aficionado grana, que ya se ve otro fracaso como el de hace cuatro años. La primera de esas derrotas fue en la casa de uno de los más grandes de la Liga, el Villarreal, que no fue en ningún momento superior al Murcia, y que aprovechó dos de sus ocasiones para desequilibrar el marcador. Pero los granas también tuvieron sus oportunidades, ¿o no os acordáis del zurdazo de Regueiro dentro del área, el fallo de De Lucas solo ante Viera, o el remate desviado por poco de Iván Alonso? Era un partido que se podía perder y hay que ser objetivos en eso.

La siguiente derrota fue muy dolorosa por todo lo que rodeó el encuentro ante el Almería. Un estadio con una entrada genial a las 20 horas de la tarde de un miércoles, ilusionado con la aparición en el once de Goitom y Gallardo, reclamados desde hacía tiempo, y ante un rival directo y vecino. Pero un señor vestido de amarillo nos privó de poder remontar el gol inicial de Melo (buen remate de córner, por cierto). Antes de eso habíamos tenido oportunidades clarísimas con el disparo de Baiano al palo o el zurdazo de Regueiro. Pero el Almería fue superior al Murcia, y curiosamente solo se amilanó cuando los locales estaban con nueve jugadores. Turienzo Álvarez (todos lo recordaréis por el Racing 2 – 1 Real Madrid del año pasado en el que pitó dos penaltis inexistentes a favor de los cántabros en los últimos diez minutos del encuentro) nos quemó la sangre a todos los asistentes a Nueva Condomina. Expulsó a Gallardo por recibir un balonazo en el costado que él interpretó como mano. Tres minutos después echó a Regueiro, que ya estaba muy quemado por la expulsión de su compañero y por el nefasto arbitraje del castellano-leonés, por lo que llamó “caradura” al colegiado. A partir de ese momento, Turienzo perjudicó aún más al Real Murcia, al que no concedía ni una sola falta y al que sancionaba con algunas inexistentes. La que más recuerdo fue una internada de Paco Peña (el mejor del Murcia el miércoles) que se fue de tres rivales hasta que fue derribado violentamente con una patada, que el árbitro dejó sin ni siquiera falta. Un despropósito tras otro dejó al Murcia sin opciones de remontar el encuentro. Es increíble que haya árbitros de este calibre que quieren ser más protagonistas que los jugadores, vergonzoso. Pero no nos engañemos del todo, el Almería fue superior al Murcia, no mucho más, pero si alguien se merecía los tres puntos eran nuestros vecinos.

Ahora bien, no hay que bajar los brazos por dos derrotas, que esto ya no es Segunda División, aquí se puede perder contra cualquiera. Así que arriba esos ánimos, siempre fieles al Real Murcia.
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